La inversión en educación define el futuro de una nación. El Proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación (PPEF) 2026 presenta cifras y desafíos que requieren un análisis exhaustivo. ¿Cómo se asignan estos recursos y qué implicaciones tienen para la calidad, la inclusión y la equidad educativa?
Panorama general del PPEF 2026
El presupuesto total para educación en 2026 es de 1.2 billones de pesos, un aumento nominal del 2.1% respecto a 2025 y 1.9% frente a 2024. No obstante, su peso en el Gasto Programable Federal baja de 16.9% a 16.62%, equivalentes al 4% del PIB, por debajo del promedio OCDE (5%) y del 8% establecido en la Ley General de Educación.
A precios constantes de 2024, el monto asciende a 1,178,877,198,350 pesos. El Ramo 11 sube 22 mmdp, el Ramo 25 baja 368 mdp y el Ramo 33 crece 781 mdp. Esto arroja un incremento real de 3% con relación a 2025, pero 7% menor que el pico histórico de 2015.
Este panorama refleja una contención presupuestal que, si bien muestra ligeros ajustes positivos, no logra recuperar el nivel de inversión que impulsó proyectos pedagógicos y expansión de cobertura en años recientes. La tendencia a la austeridad se mezcla con demandas crecientes de infraestructura, formación docente y apoyos directos a estudiantes.
Distribución por niveles educativos
La asignación para cada nivel revela prioridades y brechas persistentes. A continuación, se detalla la propuesta para 2026:
La educación básica recibe un impulso sin precedentes, mientras la media superior reduce su cobertura y la superior enfrenta recortes acumulados. Las becas crecen con fuerza, reflejando un cambio de enfoque hacia apoyos directos en lugar de inversión en infraestructura y formación.
En la educación media superior se observa una demanda insatisfecha de 2.5 millones de jóvenes, lo que exige estrategias conjuntas entre autoridades y planteles para aumentar la matrícula. Para la educación superior, el estancamiento de la matrícula y la eficiencia terminal (65%) exigen políticas de retención y vinculación al mercado laboral.
Programas clave de infraestructura y mantenimiento
Un entorno físico adecuado resulta esencial para el aprendizaje. Entre los programas más relevantes destacan:
- La Escuela es Nuestra: 23.6 mmdp en 2026, con una caída total de 0.8% respecto a 2025.
- Fondo de Aportaciones Múltiples (FAM): la partida para básica sube 6.4% en seis años, hasta 13.7 mmdp.
- INIFED: asignaciones irregulares que oscilan según las prioridades anuales.
Estos mecanismos son clave para asegurar espacios dignos, pero su planeación sufre por la volatilidad de las transferencias y la falta de seguimiento riguroso. Las comunidades educativas reportan demoras en obras y costos no previstos que afectan la operación diaria.
Tendencias históricas y retos emergentes
Desde 2012, el gasto en educación básica se ha duplicado en términos reales, aunque se ha desplazado hacia becas y transferencias. Paralelamente, programas como CONAFE, materiales educativos e inclusión digital han sido recortados o eliminados.
- CONAFE: reducción de 46.6%.
- Materiales y libros de texto: baja de 40%.
- Desarrollo Profesional Docente: caída de 85%.
Este cambio implica desafíos distintos en zonas urbanas y rurales. En comunidades apartadas, la carencia de materiales y el debilitamiento de programas de formación docente agravan la deserción. En las ciudades, la falta de inversión en infraestructura impide modernizar espacios y equipamiento tecnológico.
Implicaciones y recomendaciones
La asignación actual demanda ajustes estratégicos para maximizar el impacto en aprendizaje y equidad. A continuación, algunas propuestas:
- Elevar la inversión educativa al menos al 5% del PIB, siguiendo estándares internacionales.
- Reforzar programas de formación docente y provisión de materiales, revirtiendo recortes históricos.
- Establecer presupuestos plurianuales para infraestructura, garantizando estabilidad y eficiencia.
- Balancear el apoyo a becas con la expansión de oferta y mejora de planes de estudio.
Es crucial implementar sistemas de seguimiento y evaluación, con indicadores claros y participación de docentes, padres y sociedad civil. De este modo se podrá medir el progreso y corregir desviaciones en tiempo real.
Visión de la comunidad educativa
Docentes, estudiantes y padres de familia coinciden en que la calidad educativa no solo depende de recursos financieros, sino de su distribución y uso eficiente. Experiencias de escuelas exitosas muestran que la articulación local es un factor decisivo.
En municipios del interior, alianzas con el sector privado han permitido dotar de laboratorios y talleres, mientras que en grandes ciudades, programas de mentoría han reducido la deserción. Estas iniciativas demuestran que la colaboración multipartita potencia resultados.
Conclusión y llamado a la acción
La educación es el pilar del desarrollo sostenible y la movilidad social. A pesar de los modestos incrementos, el presupuesto 2026 enfrenta el reto de equilibrar cobertura, calidad y equidad. Alcanzar la meta del 8% del PIB requiere compromiso político y social.
Cada ciudadano, institución y autoridad tiene la responsabilidad de sumar esfuerzos para convertir la inversión educativa en oportunidades reales. Solo así podremos garantizar que la clave del conocimiento abra puertas a un futuro próspero y justo para todos.
Referencias
- https://www.iisue.unam.mx/OPE-IISUE/?page_id=2003
- https://imco.org.mx/paquete-economico-2026-hay-inversion-en-educacion/
- https://www.educacionfutura.org/escuela-que-mexico-decidio-financiar/
- https://numerosdeerario.mexicoevalua.org/2025/11/28/la-realidad-tras-el-aumento-presupuestal-a-educacion-y-ciencia-en-2026/
- https://heraldodemexico.com.mx/opinion/2026/1/12/educacion-2026-hacia-la-promesa-del-futuro-la-prolongacion-de-brechas-758376.html
- https://buzos.com.mx/noticia/mexico-registra-el-gasto-educativo-mas-bajo-de-la-ocde







